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William Vinasco Ch debería narrar mi vida

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Por: Soltérica Ibérica Martes 26.07.2011 / 11:23 am
William Vinasco Ch debería narrar mi vidaWilliam Vinasco Ch debería narrar mi vida

Foto: Girl with ball. Roy Lichtenstein

La Copa América me sorprendió a mí misma otra vez interesada en el fútbol.  Me dio risa oírme de pronto hablando con toda la propiedad del mundo de tiros de esquina y saques de banda, gritando “faltaaaaaaaaaaaaaaaaaaa juuuueeeeeeez” y celebrando goles o maldiciendo árbitros. Como si yo supiera algo al respecto, de verdad.  Lo cierto es que siendo la única mujer en una familia de hombres tuve que hacer esfuerzos por encontrar temas en común que no me dejaran excluida de la dinámica familiar, así que puedo recitar la alineación de la selección Colombia desde España 82, nombres de pila incluidos, y  si me apuran, hasta con suplentes.

¿Pero realmente sé algo de fútbol? No. El hecho de que yo entienda cuándo una falta da lugar a tiro libre directo y cuándo a un tiro libre indirecto quiere decir que, juiciosa como soy, me aprendí bien el reglamento de la FIFA, pero no quiere decir que yo sepa de fútbol.  Igual, que con los hombres. Me sé de memoria les reglas, lo juro, pero a la hora del té no sé nada. Pues toda esta fiebre de Copa América me hizo ponerme a pensar en la alarmante cantidad de similitudes que hay entre mi relación con la selección Colombia y mis relaciones con los hombres.

Por ejemplo, en ambos casos sigo inexplicablemente aferrada a alegrías que me dieron en los noventas. Cambiamos de década (dos veces), cambié de continente, y yo sigo acordándome con la misma emoción del gol de Freddy Rincón contra Alemania en Italia 90 que del primer tipo que me llevó serenata. Pero lo que es peor, sigo convencida de que las dos cosas tienen algún significado hoy en día. Tal vez ese gol de túnel en el minuto 92 significaba que realmente tenemos madera y algún día seremos el equipazo que podemos ser. Ajá. Y tal vez si yo no hubiera mandando a freír espárragos al tipo que me llevó serenata esa vez, hoy seríamos felices y comeríamos perdices. En mi defensa tengo que aclarar que era la noche antes del ICFES, y yo solo tenía cabeza para pensar en lápices de mina No. 2. ¿A qué clase de imbécil se le ocurre llevar serenata precisamente esa noche? Cuando uno esta firmemente convencido de que el resultado del ICFES va a determinar el resto de la vida no hay espacio para mariachis ni pendejadas. Pero esa es otra historia.

También me han roto el corazón. Los hombres y la selección. Por ejemplo en el mundial del 94, cuando hasta las brujas apostaban por que Colombia iba a llegar a la final; es más, si el pulpo Paul hubiera existido en el 94 con toda seguridad se habría comido la almeja en la cajita con la bandera de Colombia. Menos mal no pasó, pobre pulpo, habría hecho el oso como todos los hinchas de la selección. Pues en ese mundial y en muchas otras oportunidades yo le aposté todo (metafóricamente hablando porque no me gusta apostar de verdad verdad) a la selección, toda mi energía y todo el tiempo posible, toda la emoción, todo el corazón. Se queda uno como una bola con la banderita pintada en la cara y estupefacto, viendo como la selección juega igual que mi equipo de banquitas de la universidad; la misma cara de tarada que debo poner, con boca abierta y descuadrada de mandíbula, cuando los hombres de mi vida me salen con alguna perla de las que me suelen sacar y descubro que invertí mi valiosísimo corazón en otro baboso.

Y hablando de perlas, las frases que me ofenden: “Lo dejamos todo en la cancha, se jugó buen fúbol, se hizo lo que el profe nos enseñó, pero pues el rival fue superior a pesar de eso”. ¿Qué carajos es eso? Me ofende. Cuándo alguien dará una respuesta sincera, tipo “Qué hacemos, el otro equipo es mejor”. Lo mismo con los tipos, si yo tuviera mil pesos por cada vez que alguien ha usado una de esas frases prefabricadas sería millonaria. “La verdad es que ahora quiero estar solo”. Mentiras, todas mentiras. Si un tipo dice que quiere estar solo es porque quiere volver con la exnovia, pónganle la firma. Lo único que suavizaría mi ira en caso de tener que volver a oír estas frases de cajón sería que el susodicho la terminara agradeciendo el patrocinio de quien corresponda, como “No eres tú, soy yo. Y gracias a Postobón y un saludo a mi gente linda de Anapoima”. Lo juro, me ofendería menos.

Lo único bueno es que tanto con el fútbol, como con los hombres, mi intervalo de recuperación parece ser de 2 años. Los 2 años que hay entre las eliminatorias para el mundial y la copa América, los 2 años que me demoro en que se me olvide lo mal que pasé la última vez y pueda volver a emocionarme con la ingenuidad con que solo puede hacerlo quien tiene la memoria de un pescadito de acuario: Yo.

@Solterica

PD: Les dejo de regalo el mencionado gol de Rincón narrado, como no, por William Vinasco

PD#2: Espero con todas las fuerzas de mi corazón que la Corte falle hoy a favor del matrimonio igualitario en Colombia. Es hora de salir del oscurantismo.

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Comentarios

Hace 1962 dia(s).
super bueno!!! me reí demasiado... totalmente identificada!!!