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Primera persona del singular, la adorable desgracia de ser soltera

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Por: Soltérica Ibérica Lunes 16.05.2011 / 04:53 pm
Primera persona del singular, la adorable desgracia de ser solteraPrimera persona del singular, la adorable desgracia de ser soltera

Foto: Roy Lichtenstein

Seguramente yo tengo una de esas caras que invita a que los desconocidos me hablen. Y no, no es como que en un bar se me acerque un tipo divino y me pregunte si quiero otro martini. A mí se me acercan los viejitos en el bus. Porque en Madrid sólo montan en bus los viejitos… y yo. La gente “normal” que siempre tiene afán, viaja en metro. A mí el metro me aburre profundamente, no hay ventanas por donde mirar y no hay viejitos con quién hablar. Normalmente las conversaciones empiezan con un comentario sobre el clima o el último suceso político, pero por alguna razón desconocida para mí, invariablemente terminan en el estado civil. Y no crean que soy yo la que pone el tema, cualquiera que haya conocido a una persona mayor en España (me atrevería a decir que a un español en general), sabe que esas conversaciones callejeras son más monólogos en los que uno sólo asiente con la cabeza mientras el interlocutor se desparrama en verbo. “Una chica guapa como tú, no lo entiendo…” “¿Pero cómo que todavía estas soltera?” “Debe ser que eres muy difícil”. Una de lo más progresista me preguntó el otro día si era que me gustaban las mujeres, porque como “hoy en día se ve de todo”.

Pues no, no me gustan las mujeres. Me gustan los hombres y me gustan mucho. Y sí, ya tengo “cierta edad”, y no, no me he casado ni tengo novio. Y no soy una feminista, ni odio a los hombres, ni soy una cínica que no cree en el amor. Simplemente soy una soltera y me molesta muchísimo que haya que tener una respuesta preparada cuando la gente pregunta por qué. Yo no voy por la vida preguntando el estado civil de nadie (o bueno, de casi nadie, al tipo imaginario que me pregunta por el martini sí le preguntaría). Mi punto es que cuando alguien me dice que está casado yo no abro los ojos desorbitados y pregunto con voz de alarma por qué. Ni tampoco digo en tono condescendiente “bueno, tranquilo, ya te divorciarás y volverás a ser soltero, tú ten paciencia”.

Si uno busca “soltero” en el diccionario de la RAE, lo primero que sale es “del latín solitarius”. Ahí ya empezamos mal. ¿Quién dijo que estar soltero era estar solitario? Y no quiero empezar con la cadena de definiciones, pero en ese mismo diccionario, la primera entrada para solitario es “desamparado”. Yo soy soltera y no estoy desamparada. Ojo a mi uso del verbo ser… que no sólo estoy soltera. Yo soy soltera. Sí, señores y señoras, la soltería me define. ¿Ustedes no tienen amigos que desde chiquitos son grandes? ¿O una amiga que desde siempre ha sido mamá? ¿Y las típicas Susanitas que desde niñas son casadas? Pues así, pero al revés, soy yo. Soy soltera. Y he tenido novios, varios y de todas las clases. Pero siempre he sido soltera de corazón.

No creo que ser, o estar, soltera tenga nada que ver con sentirse sola. De hecho una de las épocas de mi vida en que más sola me he sentido fue teniendo un novio (que era un imbécil, pero ese es otro tema). Me gusta la segunda entrada del diccionario de la RAE para soltero: suelto o libre. Ahora sí nos vamos entendiendo.

Ser soltera es ser libre, y no quiero entrar en la polémica de que los que no son solteros no son libres. Queridos no solteros: mejor no lean. Se van a ofender. Están avisados. Sigo. Yo soy ama y señora de mi tiempo. Soy emperatriz de mi sofá y tirana de mi control remoto. Soy libre para comer, dormir, salir o llorar cuando me da la gana. ¡Ah, la libertad de comer pasta dos semanas para ahorrar y comprarme esa bufanda carísima que seguramente NO es de cachemir de verdad, la libertad de no bañarme los domingos y ver CSI todo el día, de salir de rumba un miércoles o quedarme en la casa un sábado porque no tengo que depender de nadie más para hacer mis planes! Además soy el estereotipo de soltera personificado: tengo un gato y fumo compulsivamente. Pero no tengo nadie que se queje de los pelos de gato en la chaqueta negra o que me recuerde “amablemente” que voy en el tercer cigarrillo y apenas son las 9 a.m.

Como dije antes, no tengo nada en contra del amor. No tengo nada en contra de las personas que se enamoran y se emparejan y viven felices y comen perdices. A lo que sí me opongo es a que los que no estamos enamorados o emparejados (y es que no son correlativos) se nos tenga que pedir una explicación. Yo tengo todas mis necesidades vitales, y hasta un par de lujos, perfectamente satisfechos en mi soltería. ¿Quiero arruncharme un domingo de lluvia a ver teve? Tengo un par de amigos con los que puedo hacer eso. ¿Necesito cambiar un bombillo o abrir un frasco? El portero de mi edificio es encantador. ¿Quiero contarle a alguien cómo estuvo mi día? Mis amigas me oyen felices. ¿Quiero pelear con alguien? Llamo a la compañía de gas que hace meses me cobra mal las facturas. ¿Quiero buen sexo? Entrados en gastos, tengo que admitir que esa es de las necesidades básicas (o lujos, según se mire) mas fáciles de satisfacer. Entonces, ¿por qué no habría de estar soltera?

“Una chica guapa, estudiada y viajada, como tú… ¿y soltera?” dice la viejita sentada a mi lado. “¡Exacto!”, pienso yo y sonrío porque hace cuatro cuadras me pasé de mi parada.

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Comentarios

Hace 2031 dia(s).
Excelente post Soltérica. Ojalá consigas pareja pronto.