Autor: Actriz Anacrónica
Martes 14.05.2013 / 03:38 pm
Recurriré a una vieja y conocida teoría periodística según la cual una noticia debe tener siempre resueltas las preguntas de quién, qué, cuándo, dónde y cómo. A pesar de la liberación femenina y del “lujo” de que en Colombia hayan aprobado el sufragio femenino hace poco más de cincuenta años, la información revelada a continuación será una noticia para muchos, entendiéndose por noticia un hecho antes desconocido que se divulga. Aplausos para los que pueden decir que, para ellos, esto es un periódico de ayer.
Quién
Alguna vez han visto a una mamá diciéndole a un cachorro humano hembra “¿De quién son trompas, o de quién es ese coñito tan bonito?”. No, ¿verdad? En cambio que tire la primera piedra el que no ha visto más de una vez a una madre jugando con el “pirulín” de su bebé y halagando sus partes íntimas. No creo que sea impresión mía que a las mujeres jamás nos han hecho sentirnos orgullosas de nuestro coño, ni mucho menos nos han incentivado a tocarnos, mientras que a los hombres desde niños les afianzan su seguridad alabando sus pipicitos y los dejan que se toquen a su antojo. Incluso, en su adolescencia tienen una conversación sobre la masturbación cuando sus madres se encuentran con la incómoda escena de sus nenes halándose el cable.
Por lo contrario, la masturbación femenina es un misterio más complicado que el de la santísima trinidad y tal vez por eso luego también resulta un misterio para muchas mujeres cómo llegar a un orgasmo, porque nadie puede hacer por uno lo que uno mismo no sabe hacer. Así las cosas, sepan entonces que las mujeres sí nos masturbamos, aunque muchas teman confesarlo. Oso decir que el mejor sexo de la vida es con uno mismo y que esas experiencias son las que permiten que uno explore después en pareja y que pueda juzgar a alguien de buen o mal polvo.
Qué
No sé si hacerse una paja sea un concepto que le vaya bien a la autosatisfacción femenina. Parece que tiene su origen en la acción de sacar la paja -la caña del cereal separada del grano. Como quiera que se le llame, el onanismo, término que proviene de un personaje bíblico que eyaculaba en la tierra para no hacerlo dentro de su cuñada, y que en leguaje popular no es más que masturbarse, es una actividad “unisex”, aunque aún se discuta si su etimología deriva de “manus” (mano) y “stuprare” (profanar) o de “mas” (órgano genital masculino) y “turbatio” (excitación). Ni lo uno ni lo otro me parece justo, pues en la primera etimología lo asocian con pecado y en la segunda nos sacan de taquito a las mujeres.
La autosatisfacción no es territorio vedado para nosotras, aunque nunca lo gritemos a los cuatro vientos ni lo hagamos en grupo, como muchos de mis amigos dicen que solían hacerse sus primeras pajas. Y, si a través de la historia pareciera que nos privamos durante mucho tiempo de semejante deleite, sepan también que podemos ponernos al día en “par patadas” (ver asterisco * abajo para entender a qué me refiero con par patadas), pues ustedes consiguen lo suyo y ahí acaba la cosa, mientras que nosotras podemos volver a empezar y a terminar sin descanso alguno, e incluso comparar un orgasmo con otro en cuestión de minutos. La multiplicidad de los orgasmos femeninos sólo se conoce a fondo a través de la masturbación. Uno puede procurarse placer infinito a través de ella y no tiene que pensar en si está depilado o no, ni se siente observado, con lo cual la actividad deja todo viso de reto para convertirse en un simple y fascinante retozar orgásmico. Así que piensen que por más que se masturben muchas veces más que nosotras a la semana, siempre les ganaremos en número de orgasmos. Nuestras masturbadas tienen la promoción pague una lleve dos y tres y cuatro…hasta el infinito y más allá.
Cuándo y dónde
¿Cuándo nos masturbamos las mujeres? Es una pregunta que habrá de tener mil respuestas, pero a mi juicio, las mujeres nos masturbamos antes de dormirnos, para darle al cuerpo un dócil arrullo, o los domingos, haciendo pereza solitaria en nuestra cama. Contrario a lo que muchos pensarían, somos igual de elementales en los móviles. Uno no se propone una imagen en particular, sino que deja que vengan las que sea a la mente y así mejora los orgasmos. Creería que las imágenes usadas por los hombres son más explícitas a nivel anatómico (más planos cerrados) y que las de las mujeres se dibujan más como una situación (más planos generales e incluso solo ideas). No necesariamente necesitamos estímulos visuales como el porno, aunque a veces echamos mano del recurso. No lo hacemos solamente cuando estamos solas (sin pareja), pero sí estoy segura de que lo hacemos mucho más frecuentemente a solas. A muchos hombres les encanta proponer que nos toquemos para ver, y aunque estemos dispuestas a compartirlo, el acto nunca será ni cercano a lo que sucede realmente a solas, en la intimidad que tan bien describe esa canción de Robert Smith Close to me o mejor (para no ser machistas), en la oda por excelencia a la masturbación femenina: I touch myself de The divinilies. Conténtense con el hecho de que la masturbación femenina hace que la vagina se ejercite y se vuelva más…elástica, por decirlo de una manera decente.
Pero no hay que reducir el cuándo a estas horas que menciono porque, y aquí viene punto a nuestro favor, podemos masturbarnos sin tanto aspaviento, sin necesidad de bajarnos la cremallera y hacer movimientos demasiado notorios. Si una mujer conoce bien sus confines, puede masturbarse discretamente en medio de una comida, viendo televisión y hasta en una reunión de trabajo sin que nadie lo note. Pueden negarlo u ocultarlo hasta la muerte, pero el famoso estudio de Kinsley reveló que el 45% de las mujeres se habían masturbado alguna vez en su vida y ese porcentaje solo ha crecido cada década que pasa. Hace dos años, el Gossard Big M Survey (un estudio inglés) reveló que el 92% de las mujeres aceptan que se masturban. La edad a la que más se masturban ustedes es la pubertad, mientras que nosotras lo hacemos con más frecuencia entre los 20 y los 39.
Cómo
Lo primero que hay que advertir antes de seguir es que cada mujer es como una caja china y que, muy seguramente lo que es placentero para mí, jamás lo ha sido para otra. Cada una conoce sus maneras y las descubre a diferentes edades, pero suele ser un descubrimiento natural cuando somos niñas. Un 25% de las mujeres que se masturban lo hizo por primera vez entre los 11 y los 13 años. Desde entonces, es muy factible que la técnica más usada no varíe demasiado a menos de que haya un descubrimiento inesperado como el de los maravillosos chorros de agua de un jaccuzi. Las técnicas (con sus múltiples variaciones) tienen dos grandes clasificaciones: directa o indirecta. Luego vienen tantas variaciones como mujeres en el mundo: tocarse con la mano o los dedos de la mano, que en este caso no es lo mismo a meterse mano; meterse mano, que no es lo mismo que meterse otros objetos; meterse otros objetos que no siempre están hechos para tal efecto y que generalmente tienen vibraciones; restregarse contra algún objeto y también una muy primaria y efectiva: apretar las piernas y lograr la estimulación de toda la zona por la presión de los músculos interiores de la ingle. Muchas mujeres se acuestan bocabajo, otras están bocarriba y abren sus piernas. Según Kinsley un 85% de ellas lo hace manipulando el clítoris, el 20% necesita algo para penetrar la vagina, el 11% se estimula los pezones al tiempo, y otro 15% usa presión o tensión muscular.
Según mi experiencia, hay dos tipos de orgasmos femeninos: los que suceden afuera en la punta del iceberg, por la estimulación del clítoris, y los que detonan adentro, por la estimulación de ese famoso punto g, que los médicos estiman, no es más que la continuación del clítoris. El cómo es importante, porque yo diría que hay una relación directa entre la consecución de orgasmos durante la penetración y la manera en que las mujeres se masturban. Es muy factible que las que lo hacen de forma directa logren el orgasmo por estimulación del “la punta del iceberg” más fácilmente que estimulando las paredes de la vagina por dentro con la penetración misma (donde está el resto del iceberg), y que lo contrario ocurra con las que se estimulan indirectamente y ejercitando la pelvis al apretar y soltar, dado que la penetración puede causarles más placer.
Como quiera que lo haga, una mujer que se masturba con cierta frecuencia conoce la manera de propiciarse un orgasmo y, por tanto, no los deja a ustedes con esa inmensa responsabilidad a cuestas. Así las cosas, deberían promover la masturbación femenina, no para bajarse la vara, pero sí para que los ayudemos a pasarla sin que se les caiga.
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