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El man de la mamá

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Por: Ana Correa Domingo 15.05.2011 / 06:40 pm
El man de la mamáEl man de la mamá

Foto: Ana Correa

Al man de la mama yo lo conocí meses atrás, en una comida en la casa de una amiga. Me cayó bien y aunque quedamos en que yo lo iba a llamar un día para ir a caminar a la montaña, nunca lo llamé.

Meses después me lo encontré en una fiesta de cumpleaños. Charlamos, bailamos un rato, me cayó muy bien. Nos tomamos unos tragos, hablamos otro poco, bailamos otra vez. Yo ya no creo ni en el amor ni en las relaciones, le dije mientras bailábamos salsa. Nos dimos besos, nos fuimos a su casa. Aunque en esa antesala me parecía haber dejado clarísimas mis intenciones, de repente era como un reto, me supongo, tratar de conquistarme, a la que no tiene corazón. Como convertir un ateo. Lo que sea. Esto fue lo que pasó.

Pasamos la noche juntos. A la mañana siguiente, estábamos hablando de cualquier cosa, y de repente me dice “qué planes tienes para hoy?”. No, amigo, no arruines este maravilloso one-night stand.
- “No sé, tengo una cosa en una galería… por qué?” y luego, aunque yo no quería me sentí obligada a reciprocar: “Tú qué vas a hacer?”. 
- “Depronto tengo que ver a mi mamá, pero no es seguro. Espera la llamo, porque si no podemos ir a desayunar”.

Llamó a la mamá.

El tema con los celulares es que aunque uno les puede cuadrar el volumen del auricular para el oído de uno, uno nunca sabe a ciencia cierta qué tan duro están oyendo la conversación los de afuera. Yo, por ejemplo, le oí TODA la conversación al man con su mamá. “Qué vas a hacer hoy, Mami?” y la mamá le contestó que iba a ir a verse con su tía, que iban a ir juntas a Home Center, luego a la peluquería, luego a visitar a su prima, luego a llevarle un sillón a su tío Alfredo, luego a dejar unas cositas en la lavandería y otra cantidad de vueltas. El man le dice a la mamá “bueno, y entonces a qué hora nos vamos a ver?”, ella le contesta “no, mejor mañana, hoy no alcanzo”.
El man cuelga y me dice: “Oye, me tengo que ir a ver a mi mamá ya, no puedo desayunar contigo, qué mal!”.

Qué oso. Me reí. Le achaqué mi risa a la revista que estaba hojeando cuando me preguntó.

Me vestí, me alisté para salir, bajamos a la primera planta y ¡zas! Me encuentro con su compañero de casa, que es amigo mío. El roommate me termina invitando a quedarme a desayunar, y yo, con hambre y sin mejores planes, me quedo. El man de la mamá se siente mal y no tiene otro remedio que quedarse y desayunar con nosotros dos. No paramos de hablar, mi amigo y yo. El man de la mamá intervino unas dos veces en la conversación, únicamente para mencionar que en breve iría a verse con su mamá.
La segunda vez, no me dio risa sino rabia. 
La tercera me dio desespero y más rabia.

Después del desayuno, me despedí para irme, y el man de la mamá se ofreció a acompañarme a caminar hasta la parada de taxis. “Bueno, pues la pasé muy bien. Tengo que ver a mi mamá, pero si quieres cuando salga de eso te llamo”.

Sentí una furia descontrolada. Pensé en todas las cosas que le iba a gruñir para explicarle lo insignificante, estúpido y ridículo que era. Quería gritarle en la mitad de la calle y que todo el barrio supiera la calaña de bobazo que vivía en esa cuadra. Quise aleccionarlo y decirle “oye, bobete, no me interesas, ¿nunca has oído de un one night stand? No me digas mentiras, eres una boleta, oí toda la conversación. Eres un mentiroso, no seas payaso. ¡Cómo se te ocurre que me vas a llamar!”.
“Bueno”, le contesté. Le dí mi teléfono, y me subí al taxi.

• Pídanme en Twitter: @ana_nirvana_
 

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Comentarios

Hace 2019 dia(s).
¿Eres tú? Oye, bájale un poquito al celular.
Hace 2029 dia(s).
jajajaaaaa! Lo mas chistoso que he leído. Será que el man de la mamá ya leyó esto?