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Viernes 31 de Octubre 2014

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Sugerencias para un buen desayuno

Si no te da miedo el colesterol y al iniciar el día te quieres dar todo el gusto gastronómico, Caius Apicius nos enseña lo que es un desayuno de verdad.

Foto: Thinkstock
desayuno

Aunque la clase médica sigue insistiendo en lo contrario, lo cierto es que los pueblos del Mediterráneo cuidamos bastante el desayuno; entendámonos, no lo cuidamos en el sentido de considerarlo la comida más importante del día, pero sí en el de disfrutar de los primeros alimentos de la jornada.

Que, normalmente, suelen ser sencillos. Ya va habiendo quienes se apuntan a desayunos estilo anglosajón, pero siguen (seguimos) siendo mayoría quienes nos ceñimos a otras pautas. Por cierto, que un latino nunca vio claro que, en tiempos en que los médicos aterrorizaban a toda la humanidad con los terribles efectos del colesterol, los anglosajones desayunasen colesterol en estado puro, en forma de huevo y tocino. Luego se vio que no era para tanto.

Bien, un español, un francés, un italiano, un portugués... disfrutarán de su desayuno como la primera, pero no más copiosa ni importante, comida del día. El guión no difiere mucho de este: un jugo de naranja, un café con leche, pan tostado o fresco, o bollería, mantequilla y mermelada. O sea, lo correcto: frutas, cereales y lácteos. Hay quien lo amplía con una pieza de fruta, un yogur, copos de cereales...

Pero siempre será eso: un desayuno. En español todavía quedan recalcitrantes que llaman "almorzar" a desayunar, cuando otro sector importante llama "almuerzo" a la comida del mediodía y la mayoría dejan esa expresión para el tentempié de media mañana.

Curiosamente, los nombres que franceses, italianos y portugueses dan al desayuno hacen alusión a esa parquedad en las cantidades: 'petit déjeuner', 'piccola colazione' y 'pequeno almoço', respectivamente. Dejan la comida seria para el mediodía, mientras los horarios de trabajo le permitan dedicarle su tiempo, o incluso consideran que la auténtica "comida" es la cena.

Esto de la nomenclatura de las distintas ocasiones en las que nos sentamos a comer es un auténtico caos. Para mí, serán 'desayuno', la primera; 'almuerzo', si lo hago, ese tentempié de media mañana; 'comida', la del mediodía; 'merienda' otro tentempié, vespertino, y 'cena' la comida de la noche.

En mi desayuno me gusta tomar buen pan. Esto implica algún problema. Si lo quiero recién hecho, tendré que asearme, vestirme y salir a la calle a comprarlo. No apetece. Lo que hacemos en casa es comprar distintos tipos de pan (trigo, centeno, integral, de semillas, de lino, multicereales...) y, una vez cortados en rebanadas, congelarlos.

Entonces, a la hora de desayunar sacamos del congelador el pan que vamos a utilizar. Calentamos una pequeña plancha que tenemos para estos fines y sobre ella, en seco, depositamos las rebanadas de pan, que se descongelarán al tiempo que sufren una especie de segunda cocción con la que, tras tanto tiempo, estoy convencidísimo de que el pan gana mucho.

Podríamos decir que hacemos una especie de bizcocho, en el sentido que se daba antes a la palabra: pan cocido dos veces para su mejor conservación, lo mismo que 'biscuit' en francés y 'biscotto' en italiano. Hoy, si hablamos de bizcochos, la gente los asocia con esa torta hecha con flor de harina, huevo, azúcar que, la verdad, suele estar muy rica. Pero yo, para el desayuno, prefiero un buen pan a cualquier otra cosa.

Un desayuno hecho con productos de calidad siempre será una delicia; ahora bien, no me escatimen en el café, ni en las naranjas de jugo (en temporada, el jugo de mandarina es perfecto), ni en la calidad de la mantequilla, ni en la de la mermelada.

Recuerden que no se pueden hacer buenos platos con malos ingredientes. Pues tengan claro que al desayuno le pasa lo mismo, y que merece todos nuestros cuidados gastronómicos: un gourmet es un gourmet desde que se levanta hasta que se acuesta, no hay gourmets a tiempo parcial.

  • Por: Agencia EFE
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