Autor: fabiola calvo ocampo
Miércoles 12.06.2013 / 06:40 pm
Queridos lectores: me veo en el imperativo de romper mi vagancia de escribir una vez a la semana (a veces ni eso) para hacer un comunicado de última hora, que intentaré sea corto y contundente.
Varias lectoras de esta revista han dirigido mi atención a la columna de opinión escrita por Alejandra Azcárate publicado hoy (click aquí para ver de lo que estoy hablando), y tengo una necesidad que me supera de alzar la voz para protestar.
No pretendo, como creo que nunca lo he hecho, adjudicarme la vocería de nadie más, así que no estoy opinando en nombre de las mujeres, de las gordas, de las flacas, de las colombianas o de las lectoras de Aló Mujeres. Hablo desde la autoridad que me da ser yo, y nada más. Hablo por mí, porque me sentí francamente indignada con lo que leí.
Ustedes que me leen saben que soy la primera en reírme de mí misma y en burlarme con sorna de los demás, y les pido de todo corazón que si creen que algún día yo cruzo una frontera, me lo hagan saber, con respeto, como intento ahora hacerlo yo.
Creo que a la señora (o señorita, no leo suficientes revistas del jet-set, lo siento) Azcárate se le fue la mano. Pero sobre todo creo que esta revista cometió un grave error al publicar sus palabras. Estamos todos de acuerdo en que uno puedo pensar lo que quiera, pero espero que también estemos todos de acuerdo en que al que se le da más, se le exige más. Con esto quiero decir que no es igual de irresponsable que una desconocida como yo diga que dos más dos es cinco, a que lo diga una personalidad pública como Alejandra Azcárate y que luego encima lo publique una revista seria como esta.
Sus palabras, más allá de ser ofensivas para una serie de personas en atención a su aspecto físico, desconocen la realidad de miles de mujeres y hombres que a diario combaten las presión social y que se desviven por alcanzar un estándar de belleza irreal y absurdo. Supongo yo que lo habrá escrito con otras intenciones, las de entretener y hacer reír, y seguramente crear polémica (cosa que sin duda logró), pero pasa por alto el peligro que tiene decir una barbaridad como esa cuando sabe que hay miles personas leyendo con atención lo que ella escribe.
Protesto porque no me gusta que una revista dirigida a mujeres envíe mensajes contradictorios. Por un lado publica artículos sobre la bulimia, la anorexia y la alimentación sana, y por otro lado permite esto. No se detiene a pensar el mensaje que está enviando a quienes la leen, sobre todo adolescentes y jóvenes (que son un segmento importante de los lectores de esta publicación).
La obesidad es un problema real de salud pública, al igual que lo son los trastornos de la conducta alimenticia como la anorexia y la bulimia. Hacer chistes en los que se hace burla de las personas por su sobrepeso, no le hace justicia a ninguna de las dos cuestiones. Es humillante para unos, e imprudente para con otros, pues reafirma el paradigma de que el aspecto físico es fundamental y que la única opción de acertar es siendo flaco.
Así que protesto a título personal porque quiero que los medios de comunicación, entre ellos esta revista, tomen partido por un problema grave, que es la violencia; violencia contra las mujeres, contra los hombres, contra los flacos, contra los gordos, los bonitos y los feos, los pobres y los ricos. Porque no es solamente violento el que pega o el que mata, violento es el que hiere con sus palabras, el que perpetúa estereotipos imposibles y enfermizos que se alejan de lo verdaderamente importante. Violento es que un medio de comunicación no dimensione el efecto de lo que dicen sus colaboradores, aunque ya sé que en letra chiquita dice que las opiniones de los columnistas no son las del medio, pero estoy hablando de un tema ético.
Llevo más de un año escribiendo para esta revista y me gusta pensar que hago parte de la familia, y por eso hoy hablo desde el cariño. Creo que se equivocaron, y espero que esta sea una oportunidad de reflexionar, de derribar un modelo de belleza que ha costado la salud y la tranquilidad de millones de personas, y finalmente de dar paso a una cultura de respeto que tanta falta nos hace.
Quiero enviar mi solidaridad y apoyo a las personas que todos los días luchan consigo mismas porque sienten que el reflejo que el espejo les devuelve no encaja en lo que la sociedad espera de ellos. Quiero pedirles que cuiden su salud, sobre todo la salud mental que da aceptarse y quererse como son, y la salud mental de pasar por encima de burlas y comentarios que la mayoría de las veces sólo reflejan las inseguridades de los demás. Quiero recordarles, aunque suene a cliché, que no hay belleza más arrolladora, más categórica y más irrenunciable que la belleza del alma.
@Soltérica
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PD. Perdón, no me salió tan corto. Pero espero que haya sido contundente.
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